sábado, 29 de mayo de 2010

De la contumacia o sobre como la estupidez tiende a persistir

Que todo puede (y normalmente va) ir a peor es uno de esos axiomas que sólo un lerdo muy osado se atrevería a poner en duda. Si puedo darles un consejo es éste: no se molesten en abrir el periódico antes de irse a la cama, métanse entre las sábanas, tápense la cabeza y cuenten corderos, ovejas o cabras endemoniadas, eso da igual, porque si no lo hacen pueden recibir un sonoro ¡zas!.

Como decía, la estupidez ha hecho acto de presencia y lo peor es que viste los colores patrios, y por si fuera poco el contumaz (palabra de hermoso sonido y de horrible significado) sujeto del que voy a hablarles no sólo merece que le metan esa cabeza que tiene en una maquina de amasar a ver si así le quitamos las ganas de portar ese horrible peinado, sino que además trasciende el plano puramente físico/gráfico para aparecer en el plano intelectual con una aportación sin igual desde que Tales hocicó porque miraba las estrellas pasando por las tres Críticas kantianas: "Eurovisión es very very fuerte". Y olé.

Pues nada, hermoso, que te quitaba el algo pequeñito a machetazos. Manda h***** quediría cierto insigne presidende del Congreso. Pero piensen que allí, donde va el mozo este, a la Eurocosa, ya fue Chikilicuatre, otro maestro del bel canto. Pero este es peor, porque el patán Chikilicuatrero iba a sabiendas de que iba a hacer el ganso, mientras que el tipo este cree que va a hacer algo serio y lo que es peor, cree que la gente se lo toma enserio.


Ay, Señor, llévame pronto (y no me digan que no le quitaban la tontería a palazos...)

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