viernes, 20 de noviembre de 2009

Sobre los soldaditos de juguete y los barquitos del Indico

Barquito de vela que viene de Cadiz por esa bahía...decía la copla, una copla que resuena ultimamente en mi fuero interno cada vez que salen a la luz más datillos del celebérrimo y famo caso Alakrana, y es que la cosa da verdadero asco.

En primer lugar porque paréceser que el barquito pesacaba donde no debía, en segundo porque tenemos una armada cargadita con sus infantes de marina cuya única ocupación (¡salve, ZP!) es la de contemplar pacíficamente las puestas de sol desde el océano y en tercer lugar, porque le hemos endiñado 2 millones y pico de euros a unos imbéciles para que se los gasten en putas. Que viva España y olé.

Y digo yo: ¿para qué queremos los barquitos esos cargados de armamento? Porque ya sabemos que la señora Carmen Chacón es, además de muy inepta y muy incompetente, muy pacifista (sí, es genial poner en defensa a alguien que quiere a los militares para repartir medicamentos y mantas...y las enfermeras en el paro, no hay derecho) y claro...pueden montársete unos desgraciados armados en un barco español (esta es otra, a todos nos gusta que nos defienda el Estado, pero como somos muy machotes y muy vascos llevamos como pabellón a la Ikurriña en vez de la Rojigualda...tendrían que ir los chicos del PNV a hacer las gestiones, pero bueno, dejémoslo estar) y tú pagas.

Pero claro, ¿cómo vamos a usar el ejército? pues mire ud, señorita Carmen, moza de la cuota e incompetente funcional, el ejército está para estas cosillas, y si te atacan contraatacas y cuando los piratitas se larguen en los esquifes los persigues y si no se rinden los mandas a criar algas, para que al menos sirvan de algo. Pero no, es mucho mejor soltar el dinero para que el personal se monte unas macroorgias del carajo y para dejar a España por los suelos en los cosos internacionales, pero somos taaaaaaaaan progres, taaaaaaaaaaaaan pacifistas, taaaaaaaaaaaaaan idiotas y que viva España y olé.

Que grandiosa imagen esa de los piratas arribando a nado a la costa y un helicóptero que no les puede dar caza...tan bucólico todo, tan repugnante...en fin, que nos ha salido muy bien: hemos hecho el ridículo, hemos retirado del negocio a unos energúmenos para que vivan como reyes y podemos darnos con un canto en los dientes mientras esos desgraciados ahora, rodeados de prostitutas, entonan un jo, jo, jo la botella de ron...(que Stevenson me perdone).

domingo, 8 de noviembre de 2009

Sobre esas aglomeraciones llamadas ciudades


El otro día reflexionaba mientras volvía a casa sobre estos sitios tan boditos y herbosos (que dirían los cómicos del día fatídico) a los que llamamos ciudades, a estos montículos de edificios y seres que se dibujan sobre los mapas y los planos.

Y es que la ciudad es maravillosa: tiene su contaminación, sus cientos de tiendas que venden lo mismo, sus caos de tráfico, sus sin-techo, sus obras por doquier, su suciedad, su cielo manchado de gris y sus noches sin estrellas.

Puedes pasear por sus calles mientras esquivas los abyectos ciclos que con silencio, nocturnidad y alevosía, te atacan a traición mientras tu caminas sumido en tus cavilaciones. Y sí, en las ciudades se puede morir de muchas formas: atropellado por un bus, un coche, una moto, una bici (si te pilla mal te pude dejar en el sitio, si no me creen, hagan la prueba), apuñalado por un cani, arrojado a las vias del metro o, como ocurre en Sevilla, de la muerte más patética de todas: arrollado por un tranvía.

Y también tienes toda una fauna que observar, estudiar y exterminar (esto me gustaría a mí, pero las fuerzas del orden no me dejan...malvados ellos...): tienes a tus canis pegando tumbos con sus motos megaoptimizadas para hacer ruido, tus hipis desnortados que aun no se dieron cuenta que desde los sesenta ha llovido lo suyo, a tus pijos engominados con eau de toilette OSEA, tus raperillos que limpian el suelo con sus enormes pantalones, tus góticos esos que tienen la virtud de hacerse invisibles en cuanto cae la noche, tus emos que no se deciden a quitarse de enmedio y mientras tanto se dedican a consumir el oxígeno de los demás.

Y es que aunque en la ciudad parezca que todo da asco (que lo da) y parezca que todo lo que pretende ir rápido va lento (que también es verdad) siempre nos quedará un reducto jovial e inocente, algo por lo que levantarse cada día y salir a la calle, algo que evita que nos tiremos desde la azotea: el asiento para obesos de los bus : )